La trayectoria de Zanine Caldas atraviesa arquitectura, diseño y mobiliario en una obra marcada por la madera y la integración con la naturaleza
Presentado en 16 sept 2026, 16:00

Zanine Caldas, designer. (Divulgação/Divulgação)
José Zanine Caldas es uno de los nombres más singulares de la arquitectura brasileña del siglo XXI. Autodidacta, el bahiano de Belmonte trabajó como maquetista, arquitecto, paisajista, escultor, diseñador y ebanista, construyendo una trayectoria marcada por el uso de la madera y por la integración entre arquitectura y naturaleza.
Su producción ganó destaque principalmente por las casas de madera implantadas en terrenos donde el paisaje tenía un papel fundamental. En lugar de imponer la construcción al lugar, Zanine buscaba comprender el terreno, la vegetación y el clima para crear espacios integrados al entorno.
Nacido el 25 de abril de 1919, en Belmonte (BA), Zanine comenzó a trabajar aún joven con dibujo y maquetas. En la década de 1940, creó en Río de Janeiro un taller especializado en la producción de modelos para proyectos de arquitectura. Por allí pasaron prototipos de obras de nombres como Lúcio Costa, Oscar Niemeyer y Oswaldo Arthur Bratke.
Zanine Caldas em uma de suas obras, Acervo Zanini de Zanine (Divulgação)
La experiencia con maquetas ayudó a desarrollar una mirada atenta a la estructura, proporción y materiales. Más tarde, esa práctica se transformaría en una arquitectura propia, marcada principalmente por la madera.
Sin formación universitaria en arquitectura, Zanine también enseñó en la Universidad de Brasilia y fue reconocido internacionalmente por su producción. En 1991, recibió la Médaille d’argent de l’Architecture de la Académie d’Architecture de Paris.
La naturaleza no aparece solo como escenario en sus proyectos, participa de la arquitectura. Topografía, vegetación, clima y paisaje eran elementos considerados en la implantación de las construcciones, característica especialmente evidente en sus residencias.
Na foto, Banco SESC, de Lina Bo Bardi. (Divulgação/Divulgação)
La madera también ocupa una posición central en esa relación. A partir de finales de los años 1960, Zanine comenzó a utilizar raíces y troncos de árboles que habían sido descartados por la deforestación en la producción de muebles, bancos, mesas y sillones. En 1980, creó el Centro de Desarrollo de las Aplicaciones de la Madera, dedicado a la investigación sobre el uso de las maderas brasileñas y a la reducción de la destrucción de los bosques.
Durante el período en que vivió en Brasilia, Zanine proyectó y construyó más de 20 residencias en madera, principalmente entre las décadas de 1960 y 1980. Las casas muestran cómo el arquitecto exploraba diferentes soluciones para integrar construcción y terreno.
(Divulgação/Divulgação)
Entre ellas está la Casa Bettiol, proyectada en 1974. La residencia fue organizada en bloques independientes conectados por galerías y pasarelas cubiertas, valorizando la relación con el paisaje del Lago Paranoá.
A finales de los años 1960, Zanine comenzó a construir una serie de casas en Joatinga, en Río de Janeiro. Los proyectos aprovechaban la geografía accidentada de la región y exploraban la presencia de la vegetación y de las vistas al entorno.
Zanine Caldas, Joatinga, Rio de Janeiro, 1968, foto José Medeiros, acervo Déa Zanine (José Medeiros/Divulgação)
La propia casa del arquitecto, construida en la región, se convirtió en un ejemplo de este enfoque: elementos como madera, puertas, marcos y otros componentes fueron reutilizados de demoliciones, reforzando la preocupación por el uso de los materiales.
Frans Krajcberg. (Divulgação/Divulgação)
En Nova Viçosa, en Bahía, Zanine proyectó, en 1971, el taller del artista Frans Krajcberg, con quien también compartió preocupaciones relacionadas con la preservación ambiental. El proyecto forma parte de una fase en la que el arquitecto profundizó su investigación sobre materiales naturales y técnicas constructivas locales.
Paralelamente a la arquitectura, Zanine Caldas construyó una producción de diseño igualmente destacada, especialmente a partir de la creación de muebles y objetos en madera. Su trabajo se destacó por el uso de troncos, raíces y sobras de árboles, transformados en piezas que valoraban las formas naturales del material.
Namoradeira, por Zanine Caldas. (Divulgação/Divulgação)
En la década de 1970, el arquitecto creó la Zanine Caldas Móveis, en São José dos Campos, donde desarrolló una serie de piezas de mobiliario. Bancos, mesas, sillones y esculturas exploraban grandes volúmenes de madera y mantenían, muchas veces, sus características orgánicas, como curvas, nudos e irregularidades.
Poltrona assinada por Zanine Caldas, Dpot. (Divulgação/Divulgação)
Esta producción no seguía necesariamente la lógica de ocultar las imperfecciones de la materia prima. Al contrario: la madera era protagonista del diseño. Troncos y raíces desechados por la deforestación cobraban una nueva vida en piezas de fuerte presencia escultórica, acercando diseño, arte y naturaleza.
La obra de Zanine sigue siendo relevante por mostrar que la arquitectura y el paisajismo pueden pensarse de forma integrada. Sus casas no buscaban solamente ocupar un terreno: procuraban establecer una relación directa con él.
(Divulgação/Divulgação)
Esta visión también ayuda a explicar por qué la madera se volvió tan importante en su producción. El material aparece en la estructura, en los cerramientos, en los muebles y en los detalles, creando una continuidad entre el interior y el exterior.
Hoy, su trabajo continúa siendo revisitado en exposiciones e investigaciones. En 2026, la exposición Zanine Caldas – Creación de mundos, en el Instituto Tomie Ohtake, reúne su producción y refuerza la permanencia de su legado en la arquitectura, el diseño y la cultura brasileña.
Este texto fue desarrollado con la ayuda de CASACOR Publisher, agente de contenido exclusivo desarrollado por el equipo de Tecnología de CASACOR a partir de la base de conocimiento de casacor.com.br. El contenido generado fue posteriormente editado por Yeska Coelho.