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Kinusaiga: el arte japonés que transforma tejidos en cuadros llenos de textura

Kinusaiga combina tejidos, colores y texturas para crear imágenes tridimensionales sin costura, uniendo tradición, creatividad y reaprovechamiento

Por Yeska Coelho

Presentado en 15 sept 2026, 18:00

08 min de leitura
Kinusaiga: el arte japonés que transforma tejidos en cuadros llenos de textura

(Divulgação/Divulgação)

A primera vista, una obra de Kinusaiga puede parecer una pintura o incluso un mosaico. De cerca, sin embargo, lo que revela colores, contornos y volúmenes son pequeños pedazos de tela cuidadosamente encajados en una base. El resultado es una composición que explora color, textura y profundidad, y transforma retazos en obra de arte.

Aunque frecuentemente se presenta como una antigua tradición japonesa, la Kinusaiga es, en realidad, una técnica relativamente reciente. Surgió en Japón en la década de 1980 y se asocia a la artista Setsu Maeno, quien adaptó principios de técnicas textiles tradicionales para crear imágenes en dos dimensiones. La práctica tiene relación con el kimekomi, método japonés en el cual las telas se insertan en surcos de una superficie.

Kinusaiga arte japonés

(Divulgação/Divulgação)

Para Cintia Paula, encuadernadora artesanal al frente del Ateliê Papillon (@oateliepapillon), el interés por la técnica está justamente en las posibilidades que abre dentro del hacer manual. “El Kinusaiga, como toda técnica artesanal, para mí, estimula diversas áreas importantes y es muy bueno poder experimentar esto en el día a día del taller”, explica en entrevista a CASACOR.

¿Qué es Kinusaiga?


La Kinusaiga puede traducirse como una especie de “pintura con telas”. En lugar de pinceles y pinturas, el artista trabaja con retazos de diferentes colores, estampados y texturas para construir una imagen.

En la práctica, un dibujo se divide en áreas y se transfiere a una base, generalmente de espuma o material similar. Los contornos se marcan en la superficie, creando pequeños surcos. Después, los pedazos de tela se posicionan sobre cada área y sus bordes se insertan en esas aberturas. De esta manera, las uniones quedan discretas y el conjunto adquiere un aspecto similar al de una pintura.

El método prescinde de la costura, lo que diferencia a la Kinusaiga de prácticas como el patchwork tradicional y otras técnicas de composición textil.

Una técnica que une arte y bienestar


Además del resultado visual, el proceso artesanal también puede ser una experiencia de concentración y creatividad. Según Cintia, el trabajo cuidadoso de seleccionar telas y encajar cada fragmento exige atención al presente.

“El proceso delicado de encajar cada pedazo de tela exige foco total en el momento presente. Esto ayuda a desacelerar la mente, funcionando como un ejercicio que reduce significativamente el estrés y la ansiedad”, afirma.

Kinusaiga arte japonés

(Divulgação/Divulgação)

Ella también destaca el estímulo a la creatividad, ya que la técnica permite experimentar combinaciones de colores, estampados y materiales como quien construye una pintura. La coordinación motora fina también se trabaja mediante el corte, posicionamiento y manejo de los pequeños fragmentos.

Otro aspecto señalado por la artesana es la sostenibilidad. El aprovechamiento de sobras de tela puede dar un nuevo destino a materiales que serían descartados, aunque la idea de que la Kinusaiga haya surgido específicamente como una técnica de reciclaje de quimonos es una simplificación común.

¿Cómo empezar a hacer Kinusaiga?


Una de las ventajas de la técnica es la posibilidad de comenzar con pocos materiales. Para proyectos iniciales, Cintia recomienda una placa de espuma, retazos de algodón, tijeras, herramienta para crear y trabajar los surcos y cola blanca, utilizada como apoyo en la fijación.

El algodón, especialmente telas como la tricolina, es una opción interesante para principiantes por presentar buena estabilidad y facilitar el trabajo. Para proyectos más elaborados, es posible experimentar con materiales como seda, terciopelo, brocado y lino, creando contrastes de textura y luminosidad.

A medida que la experiencia aumenta, también entran en escena bases más resistentes y materiales adhesivos específicos, que permiten trabajar dibujos más pequeños y detalles más precisos. La elección de la tela pasa a ser parte fundamental de la composición: una misma imagen puede adquirir atmósferas completamente diferentes dependiendo de la paleta y de las texturas seleccionadas.

Del arte a la decoración


La versatilidad es otro punto que hace a la Kinusaiga interesante también para los amantes de la decoración de interiores. Los trabajos pueden aparecer en cuadros, cajas, paneles y otros objetos decorativos, llevando el lenguaje del arte textil a diferentes ambientes.

Kinusaiga arte japonés

(Divulgação/Divulgação)

“En el taller, buscamos mirar cada técnica artesanal de forma más amplia para que podamos utilizar conceptos, formas y posibilidades en nuestros proyectos”, cuenta Cintia. Es justamente este enfoque el que permite que la Kinusaiga trascienda el formato tradicional de cuadro y se incorpore a piezas funcionales.

Cíntia comenta que la técnica se explora en colaboración con el Workshop Fátima Perez. Así, entre tejidos, colores y texturas, el trabajo revela una posibilidad especialmente contemporánea de hacer arte: desacelerar, reutilizar materiales y transformar fragmentos aparentemente desconectados en una composición única.

Este texto fue desarrollado con la ayuda de CASACOR Publisher, agente de contenido exclusivo desarrollado por el equipo de Tecnología de CASACOR a partir de la base de conocimiento de casacor.com.br. El contenido generado fue posteriormente editado por Yeska Coelho.