Bambú y arcilla: estos fueron los únicos materiales utilizados por la arquitecta alemana
Anna Heringer en la construcción del centro comunitario
Anandaloy en Rudrapur, un pueblo de Bangladesh.
Ganador del
Obel en 2020 –premio internacional de arquitectura que se concede anualmente en la Fundación Henrik Frode Obel, en Dinamarca–, Anandaloy, que significa "un lugar de profunda alegría" en el dialecto local, se caracteriza por una construcción con materiales proporcionados por la tierra y la motivación social para dar autonomía y mejorar la comunidad local.
El edificio de dos plantas alberga, en la planta baja, un centro de terapia para personas con discapacidad y, en la planta superior, un taller de confección textil para mujeres locales. Para Martha Schwartz, miembro del jurado del Premio Obel, Anandaloy es "un proyecto como ningún otro". "Anna está construyendo de manera sostenible, utilizando materiales que ya existen, involucrando a las personas para que puedan aprender a construir por sí mismas y creando oportunidades para mujeres y personas con discapacidades".
En Anandaloy, la rampa aparece como un símbolo de inclusión. "La arquitectura misma crea conciencia sobre la importancia de incluir a todos. La diversidad es algo hermoso que debe celebrarse", añade Martha. Aparecen rampas en la entrada del edificio y en el ambiente interno, conectando los dos niveles y creando, debajo de ellos, un espacio que se asemeja a una cueva que puede usarse para recreación o aislamiento.
Respecto a su construcción, Anna Heringer considera que "hay muchos recursos disponibles en la naturaleza de forma gratuita, lo único que necesitamos es nuestra sensibilidad para verlos y nuestra creatividad para utilizarlos". Trabajar con arcilla permitió a los propios usuarios participar activamente en la construcción del edificio. "Necesitamos llevar trabajo a donde está la gente para que puedan hacer uso de sus propios recursos, construir sus propios hogares, cultivar sus propios alimentos y cuidar de sus familias".