Así, los arquitectos buscaron rescatar su esencia a través de texturas áridas y elementos rústicos. Numerosos troncos de madera fueron colocados estratégicamente en la decoración, además de tejidos de bambú, revestimientos de arcilla, piedras y tejidos sensoriales en lino y algodón. El clima seco inspiró la paleta de colores, que tendía hacia tonos cálidos y terrosos. Entre los principios rectores del proyecto se encuentra la filosofía wabi sabi, que valora la auténtica belleza de los materiales y fomenta la expresión de los elementos en su estado natural con todo su vigor y fuerza. La naturaleza aparece integrada en la decoración, desde los grandes huecos que dan acceso al jardín exterior. El Lounge Bar alberga el restaurante Mosaico, del chef Paulo Tarso. Destacan las mesas de pizarra, creadas por profesionales especialmente para la exposición. [hoja informativa]