Inspirado en los paisajes tropicales y en el gesto de cultivar como expresión de afecto y esperanza, el jardín de 120m2 propone un retorno a las raíces. Con bananeros, cocoteros, arena blanca y fibra de coco, el espacio remite a la naturaleza nordestina y a los patios afectivos. La propuesta exalta la agricultura familiar y la relación directa con la tierra, creando una atmósfera sensorial y acogedora. La iluminación escénica realza volúmenes y texturas, reforzando la idea de un refugio vivo. Una invitación a soñar con un futuro más simple, más verde y profundamente enraizado en la memoria.